La hiedra me envenena, me enreda, me ata, me lleva donde menos quiero ir. Trata de asustarme y amenazarme, ¡es cruel!
La hiedra sabe que el pasado pesa, la hiedra sabe que el pasado te mata y por lo mismo, la hiedra no me quiere dejar avanzar, la hiedra me sostiene y hasta a veces me acoge, pero luego cambia de papel y su maldad recorre todos sus tallos verdosos, sus hojas limpias de bondad.
¿Qué quiere la hiedra? ¿qué querrá de mí? si ya no le tengo nada que dar.
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