La hiedra me envenena, me enreda, me ata, me lleva donde menos quiero ir. Trata de asustarme y amenazarme, ¡es cruel!
La hiedra sabe que el pasado pesa, la hiedra sabe que el pasado te mata y por lo mismo, la hiedra no me quiere dejar avanzar, la hiedra me sostiene y hasta a veces me acoge, pero luego cambia de papel y su maldad recorre todos sus tallos verdosos, sus hojas limpias de bondad.
¿Qué quiere la hiedra? ¿qué querrá de mí? si ya no le tengo nada que dar.
lunes, 30 de diciembre de 2013
martes, 10 de diciembre de 2013
ahora que lo pienso bien, no debería echarle la culpa a nadie, o quizás, un poco a mí. Sí, ¿por qué? porque contigo tratar era fácil, era tan fácil. Las oportunidades iban y venían, mi confianza aumentaba y por ese simple hecho te deje todo el trabajo a ti, era un trabajo sencillo, pero ¿de qué sirve que sea sencillo, si sólo una persona lo hará?
Tenía que razonar bien, tenía que poner de mi parte, ¡tenía que hacértelo saber!, pero lo único que hice fue respirar, imaginar y pensar que tú lo podrías construir todo. Juré que el mundo giraba en torno a mí y que las luces por primera vez parpadeaban en las llanuras de mi ser.
Sentí plenitud y felicidad en ese momento, la cuál no duró, era de esperarse.
Me arrepiento de tantas cosas, pero esta es especial. Y si por alguna razón pudiera retroceder el tiempo, si por alguna razón los meses de primavera regresaran, juraría, que todo sería distinto, que estos escuálidos individuos no se encontrarían solos, que sus corazones no delatarían decepción, que sus proyecciones ya no serían imágenes inconclusas, que todo el afecto ido, regresaría y llenaría sus almas, que las visiones egoístas de cada uno se abreviarían a una, una compartida.
Sé muy bien que el tiempo no se devuelve de su arduo trayecto, que los días, los meses y los años pasaran de la misma forma de siempre.
Todo lo experimentado daña de a poco y lo peor, es que son huellas que nunca desaparecerán de mis senderos.
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